Integro: Cualidad de mantener su pureza. No verse alterado o contaminado por ningún agente externo, ajeno a él mismo.

Cuando hablamos de integridad estamos hablando de mantener o proteger algo ya existente: nuestros valores, nuestros principios, nuestra identidad.

Una persona íntegra no es movida de su forma de pensar, sino por su forma de pensar.

Una persona sin identidad no puede mantener su integridad, pues la integridad es proteger la identidad.

Vamos entonces a buscar caminar en la integridad que se mantiene alrededor de esta identidad: “vivir en justicia (ausencia total de egoísmo), verdad, misericordia y amor.”
Debemos, entonces, botar de nuestra mente patrones de conducta equivocados que han sido transmitidos en la sociedad de generación en generación erradamente, sin ser detectados ni descartados, y a veces siendo hasta reforzados con el pasar del tiempo, provocando así confusión, injusticia, desorden y destrucción; una deformación de la sociedad en lugar de la edificación de una sana y bien integrada.
Aparte de eso debemos vencer al enemigo número uno de la integridad que es el temor.
Siendo esto así, no podemos dejar por un lado el hecho de que somos seres humanos creados por un Dios que nos respalda en todo lo que hagamos y que un día castigará a todo aquél que haya escogido el camino del mal. (Mat.10:28; 32-33)
Ya con esta claridad debemos tomar la decisión de caminar en integridad en todas las áreas de nuestra vida.

Integridad no significa ser perfecto en el sentido práctico de la palabra, sino anhelar serlo; no como un sueño, sino como un constante hacer todo lo que está en nuestras manos para lograrlo; caminar constantemente hacia la perfección, ocupándonos en ello.

Hay ciertas cualidades que contribuyen a la integridad y a veces la conforman:

1. Humildad: Reconocer nuestras imperfecciones, nuestros errores e incluso nuestras maldades con un cambio inmediato, radical y sostenido. Conocer nuestras cualidades y protegerlas y defenderlas, si es necesario.

2. Valentía: Es necesario confrontar con sabiduría, justicia y amor todo aquello que ofende la integridad, tanto en nosotros mismos como en los que nos rodean. De igual forma, nos abrimos camino para manifestar nuestra identidad y disfrutar de nuestro derecho a la felicidad a causa de nuestra fidelidad.
Por ejemplo: Tenemos la idea equivocada de que lo correcto en la amistad es “tapar” aquello que nuestro amigo ha hecho mal. Pero la integridad nos enseña que debemos advertir y exhortar al cambio. De no haber respuesta inmediata debemos reportar el mal actuar a las autoridades pertinentes.
Y en casos extremos el primer paso debe saltarse.
Somos valientes para, simplemente, ser nosotros mismos.  No conocemos la cohibición.

3. Convicción: Debe haber una total y absoluta convicción en cuanto al valor de la integridad, para resistir tentaciones y amenazas.
Hay ofertas muy atractivas que se nos presentan en el camino, pero su precio es violar la integridad. No importa entonces cuán bello, grande o apetitoso sea lo que se nos ofrece, debemos rechazarlo.
No aceptamos avergonzarnos por lo que somos.  No aceptamos hipocresía ni infidelidad. No pretendemos ser más de lo que realmente somos ni somos menos de lo que sabemos que  somos.
Tomamos responsabilidad de nuestra identidad verdadera.

Debemos creer que mantener la integridad nos concede una satisfacción (paz y contento en el alma) que ninguna otra cosa puede otorgar.
Aparte de eso esperamos un día ser recompensados por un Dios justo que sabe cuánto vale cada una de nuestras decisiones y acciones.
Debemos alimentar el aprecio y la estima de una conciencia limpia.
Como seres humanos debemos estimular esto con toda clases de gratificaciones: verbales, materiales, corporales (palmadas en la espalda, abrazos, aplausos, señas que indican aprobación, … ), etc., para no sucumbir ante las presiones negativas externas que a veces se presentan con mucha fuerza.
No debemos esperar a que estas muestras de aprobación vengan de los que nos rodean, sino debemos ponerlas en acción nosotros mismos y estimularnos estimulándonos a nosotros mismos y estimulando a otros.
Debemos desear impregnar nuestra sociedad de esto sin desanimarnos al no ver los resultados deseados. Debemos luchar para cosechar lo sembrado, empezando por nosotros mismos.
Debemos creer firmemente que la buena siembra dará su buena cosecha a su debido tiempo.

4. Autoridad: La integridad otorga una autoridad respaldada por Dios.
Cualquier persona íntegra debe entender esto y ejercer su autoridad con todo temor (responsabilidad), justicia y misericordia.
Debemos afectar positivamente todo aquello que entre en nuestro círculo de influencia. No influir, no actuar, no corregir, no hablar, no aconsejar, es falta de integridad.



Cuando llegamos a un territorio en el que las apariencias definen la justicia estamos hablando de injusticia.  La bajeza y la vileza se mueven en estos ambientes.  La bajeza es la que sale huyendo en cuanto se sale con la suya; la vileza es la que se asegura de no ser descubierta;  es capaz de inculpar a alguien más, de meter el cuchillo por la espalda, etc.;  y lo ha planeado todo con cálculos fríos y exactos anticipadamente.  La vileza no deja nada al azar;  no hay cabos sueltos.  La integridad está tanto en no juzgar por las apariencias como en no esperar ser juzgados por ellas;  debemos tener algo más fuerte que esto.  

La integridad no duda de su verdadera identidad.  Caminamos por convicción personal, por buena conciencia, no por apariencias ni por metas, logros o beneficios individuales.  Lo que nos mueve es más profundo, más real, verdadero:  la integridad.
Es muy importante comprender que no es “lo que hacemos sino “por qué” lo hacemos lo que hace la diferencia entre bueno y malo, correcto e incorrecto.  “No somos lo que somos por lo que hacemos.  Hacemos lo que hacemos por lo que somos.”  Cuando vivimos así, hemos logrado integridad.

La sabiduría, la inteligencia, la privacidad no se oponen al integridad.  La integridad es algo interno, no importando lo que puedan pensar, creer, percibir o esperar otros. La integridad empieza y termina en nosotros.  Sólo el tiempo comprobará que nunca hubo mentira dentro de nosotros.


Examinémonos a nosotros mismos y tomemos la decisión 
de ser gente íntegra que espera su recompensa del Dios de verdad. 


           "Tu integridad siempre será recordada por mucho más tiempo que tu prosperidad."
                                                                                                       Seasons of the Heart






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Canciones:
C. Sesto / E. Presley: "Puente sobre aguas turbulentas"
Roberto Carlos: "Cóncavo y convexo"
L. Guerra: "Quisiera ser un pez"
Camilo Sesto: "Perdóname"


 
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